Trabajar en una tarea manual requiere presencia, paciencia y enfoque, tres elementos que están desapareciendo en la era de las distracciones digitales.
Cuando recortamos, bordamos, tallamos o ensamblamos algo, nuestro cerebro aprende a filtrar estímulos innecesarios y a priorizar, mejorando la capacidad de concentración.
Además, actividades como armar rompecabezas o construir maquetas también implican identificar problemas y buscar soluciones, lo que fortalece la resolución de conflictos y el pensamiento crítico.